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    INCONSCIENTE COLECTIVO MANCHADO DE PATRIARCADO
    ...EN TIEMPOS DE CUARENTENA
    Por Malú Breio Gómez
    18/Marzo/2020
    72 horas de aislamiento y ni un segundo de retirada, así vamos, los engranajes
    rechinan pero no se rompen. La cadena de producción la llevamos dentro.
    Mentes funcionando a todo gas, funcionando para mantener el sistema
    que sabemos corrupto. ¿Cómo vendo ahora mi producto online? ¿qué imagen
    reflejo de mi periodo de cuarentena? ¿qué cosas tengo pendientes por hacer
    de las que debería ocuparme ahora?
    Adelantar la declaración de la renta, limpiar los rincones de mi casa, organizar
    los armarios, coger la guitarra que lleva meses cogiendo polvo en el rincón del
    estudio (ya sin polvo), preparar la tesina que nunca tuve tiempo de empezar,
    hacer mi negocio visible en las redes, leer libros que me hagan más culta,
    sacar abdominales y mantener la rutina de ejercicio que nunca mantuve,
    aprender a coser, a pintar, a cocinar, escribir un best seller, replantear mi
    futuro, aprovechar mi tiempo.
    Todo y nada, cualquier cosa, con tal de seguir demostrando que no
    paramos, que somos creativas, que somos útiles, productivas, dinámicas,
    capaces,...válidas.
    Y yo me pregunto ¿y para qué? ¿para quién?
    Hoy, un día más, la rutina se para, el contacto humano se prohíbe y el
    #YoMeQuedoEnCasa sigue dominando las redes, y ¿que nos encontramos?
    Nos encontramos en lo que nos han convertido, funcionando en base a lo
    que espera de nosotras la estructura rígida y fría que oprime nuestras mentes
    y cierra nuestros corazones y, sólo si miramos un poco más a fondo, un poco
    más adentro, nos encontramos con lo que somos.
    Lo que somos detrás de las referencias, detrás del lastre de la
    comparación social, detrás del producto que vendemos, detrás de las capas de
    maquillaje y con las capas de pelos, detrás de las etiquetas, los juicios y los
    prejuicios, detrás de las máscaras de control que disimulan nuestra constante
    incertidumbre, detrás...
    Detrás, nos encontramos con el eterno presente que no conoce el
    tiempo, donde los órganos y los sentidos son nuestra única brújula, donde
    nuestro potencial creativo permanece virgen y al servicio de nadie y de todo,
    cuando nos demos cuenta de las olas de ego que manchan de patriarcado
    nuestro inconsciente colectivo, solo entonces, podremos volver al contacto con
    la libertad.
    Y no hablo de la libertad que nos han vendido, hablo de LIBERTAD, de la
    libertad de sabernos humanas, vivas y juntas, de la libertad que nos hace ser
    conscientes de que de nada sirve lavarnos las manos si dejo a mi vecinx sin
    jabón, de la libertad que nos libera del individualismo, de la propiedad, del
    prejuicio y de la mentira. De la libertad en mayúsculas.
    Me cuenta wikipedia que libertad (en latín: libertas, -ātis), en sentido
    amplio es la capacidad de la conciencia para pensar y obrar según la propia
    voluntad de la persona. De esta libertad es de la que hablo.
    De esta podemos salir más locas, dejar que nos coman las paredes de la
    casa, pelear por el último rollo de papel, competir por los likes, perdernos en la
    profundidad de nuestro ombligo...
    o podemos salir más cuerdas, más sanas. Podemos aprender a pararnos
    y a saborear este sentido de la libertad, recuperar la confianza en nuestros
    sentidos y el respeto a nuestros cuerpos, y así volver a las calles sabiéndonos
    rebeldes de este sistema enfermo, no desde la rebeldía reactiva que mueve la
    violencia, sino desde la rebeldía que nos permite responder desde lo esencial,
    la escucha de lo esencial que nos permite aprender a amar. Amar lo que
    somos, amar el cuerpo que habitamos y el suelo que pisamos, amarnos como
    un ser vivo más que necesita al de enfrente para sostenerse, amar en libertad.
    Malú Breio Gómez